EL VIAJE CHAMÁNICO: OBSERVACIONES DE LA TERAPIA HOLOTRÓPICA
Stanislav Grof
Este capítulo está basado en casi tres décadas de exploración
sistemática del potencial terapéutico de los estados no ordinarios
de conciencia, inducidos por substancias psicodélicas y otras técnicas
no farmacológicas. Aproximadamente, los primeros veinte años se
dedicaron al trabajo clínico con productos psicodélicos y los
diez últimos a la experimentación con poderosas técnicas
alternativas sin el uso de drogas.
Un método moderno de inducción chamánica
A lo largo de esta década, mi esposa Christina y yo hemos elaborado una
técnica psicoterapéutica que denominamos integración holonómica
o terapia holotrópica. En la misma se combina la respiración controlada,
la música evocativa y otras formas de tecnología del sonido, trabajo
corporal concentrado y dibujos de mandalas. Con este enfoque desprovisto del
uso de drogas, es posible facilitar la totalidad de la gama de experiencias
característica de las sesiones psicodélicas y de los viajes chamánicos.
Su objetivo no es la exploración gradual de los diversos niveles del
inconsciente individual, como en las psicoterapias "verbales" occidentales,
sino el facilitar una poderosa experiencia transformadora de naturaleza trascendental.
Por consiguiente, en muchos sentidos nuestros objetivos terapéuticos
están más cerca de las tradiciones chamánicas de curación
psicofisiológica que de la mayoría de las psicoterapias verbales
occidentales, si bien nuestro enfoque coincide con el de Carl Gustav Jung, en
cuanto a que nuestro objetivo es el de facilitar la autocuración del
paciente, ayudándole a adquirir conciencia y a reintegrar los elementos
fragmentados del complejo mente-cuerpo.
Con el uso de la terapia holotrópica, es posible inducir fenómenos
frecuentemente indistinguibles de los estados psicodélicos, sin utilizar
agentes farmacológicos, sino simplemente aumentando el ritmo de la
respiración, usando la tecnología del sonido y ciertas
técnicas de ejercicio corporal que describiré más
adelante. Cuando los fenómenos descritos en este capítulo pueden
ser desencadenados por algo tan fisiológico como la hiperventilación,
no puede haber duda alguna de que reflejan auténticas propiedades de
la psique.
Los principios de la terapia holotrópica son sumamente simples. Se le
pide al paciente que se acueste con los ojos cerrados, que se concentre en la
respiración y en las sensaciones corporales, y que mantenga un ritmo
de respiración más rápido y eficaz que de costumbre. Durante
la preparación psicológica precedente, se le incita a suspender
toda actividad analítica y a aceptar cualquier experiencia que emerja,
con plena confianza y sin prejuicios. En este contexto se recomienda abstenerse
de emplear técnicas dirigidas o cualquier otro intento de modificar la
experiencia espontánea e influir en la misma. La actitud general debe
ser semejante a la de ciertos métodos de meditación budistas,
limitándose a observar las experiencias emergentes, registrarlas y no
retenerlas.
Después de un intervalo que varía de una persona a otra, el individuo
comienza a experimentar fuertes emociones y desarrolla pautas estereotipadas
de tensión muscular. Con la continuación de la respiración
acelerada, se incrementa la tensión emocional y física hasta llegar
a la liberación y resolución espontáneas. En general, la
tensión física corresponde a las áreas donde el sistema
indio de yoga kundalini visualiza los centros de energía psíquica,
o chakras.
Estas tensiones se manifiestan en forma de intensas presiones circulares o incluso
fuertes dolores en la frente o en los ojos, constricción de la garganta
y bloqueo de la mandíbula, y presión en el tórax, el ombligo
y el bajo abdomen. También es común la tensión en manos
y brazos, pies y piernas, cuello, hombros y riñones. Esto es evidentemente
una descripción sinóptica y estadística. En la práctica,
los sujetos no manifiestan todos los síntomas descritos, sino cuadros
individuales de distribución de dichas tensiones, en los que ciertas
áreas están dramáticamente representadas y otras no sufren
efecto alguno.
En el contexto de la psiquiatría tradicional influida por el modelo médico,
la reacción a la hiperventilación y en particular los famosos
"espasmos carpopedales" (contracción de los músculos
de las manos y de los pies) ha sido considerada como la reacción fisiológica
obligatoria a la respiración rápida e intensa, conocida como "síndrome
de hiperventilación". Se estima que es algo alarmante y cuando ocasionalmente
ocurre de un modo espontáneo con pacientes neuróticos (particularmente
histéricos), suele tratarse con tranquilizantes, calcio intravenoso y
una bolsa de papel sobre la cara.
El uso de la hiperventilación con fines terapéuticos y autoexploratorios
demuestra lo erróneo de dicho punto de vista. En todos los grupos con
los que hemos trabajado, varias personas han respondido a la hiperventilación
con una relajación progresiva, una sensación de expansión
y visiones de una luz de una belleza sobrenatural. Han concluido la sesión
en una profunda experiencia trascendental de unidad cósmica. A los que
desarrollan tensiones físicas y emociones difíciles, la respiración
continuada les conduce típicamente a un estado de resolución,
seguido a su vez de una profunda relajación, paz y serenidad. A menudo,
el resultado final de la sesión es un estado profundamente místico,
que puede aportar beneficios duraderos y ser personalmente significativo para
el sujeto. Paradójicamente, el enfoque represivo habitual de la psiquiatría
tradicional ante los episodios ocasionales espontáneos de hiperventilación
perturba un proceso potencialmente terapéutico con algunos pacientes
neuróticos.
Durante la hiperventilación, conforme aumentan las tensiones físicas
y emocionales, y se resuelven, el individuo puede tener una serie de poderosas
experiencias, que se describirán con mayor detalle más adelante.
Puede revivir sucesos autobiográficos importantes de la infancia, adolescencia
o vida adulta y experimentar otros tipos diversos de fenómenos transpersonales.
En particular, suele haber una confrontación con distintos aspectos del
recuerdo del nacimiento biológico y un encuentro profundo con la muerte,
fenómenos caracterizados como experiencias de "muerte y renacimiento"
en los ritos de iniciación chamánica.
En el contexto de la terapia holotrópica, al efecto de por sí
potente de la hiperventilación se agrega el de la música evocativa,
o tecnología del sonido, desarrollada por diversas culturas con el propósito
específico de alterar la conciencia, como por ejemplo los tambores chamánicos.
Otra faceta que intensifica el efecto de esta técnica es su uso en grupo,
de modo que los participantes alternen su función de experimentadores
con la de experimentados, bajo la supervisión del terapeuta.
Idealmente, la propia respiración activa conduce a la resolución
de todo lo que se ha liberado y emergido en la conciencia. Si el sujeto acaba
con tensiones residuales o emociones desagradables, se puede facilitar su resolución
por medio de una técnica de ejercicio corporal concentrado, que elaboré
originalmente para el período conclusivo de las sesiones psicodélicas.
El principio básico, en este caso, es el de alentar al sujeto para que
no ofrezca resistencia alguna a las emociones, sensaciones y energía
física emergentes, y para que encuentre una forma apropiada de expresarlas
por medio de sonidos, muecas, posturas y movimientos, sin juzgar ni analizar
la experiencia. La función de los facilitadores es la de seguir el flujo
de energía y estimular su plena exteriorización. Se persiste en
esta labor hasta que el sujeto alcanza un estado de resolución y relajación.
La barrera sensorial y el nivel biográfico-recordatorio
Las técnicas que facilitan acceso experiencial al inconsciente tienden
a activar inicialmente los órganos sensoriales. Por consiguiente, la
exploración profunda empieza en muchos casos con una serie de experiencias
sensoriales indeterminadas, tales como visiones elementales de colores y pautas
geométricas, sonidos de campanas o zumbidos, sensaciones táctiles
en diversas partes del cuerpo, o la experiencia de distintos gustos u olores.
Éstas son de una naturaleza más o menos abstracta, sin ningún
significado simbólico más profundo, y su contribución a
la autoexploración y autocomprensión es insignificante. Parecen
representar una barrera sensorial que es preciso cruzar, antes de emprender
el viaje hacia el interior de la psique.
Conforme avanza el proceso, el próximo reino de la psique más
asequible suele ser el nivel biográfico-recordatorio y el del inconsciente
individual. A pesar de que los fenómenos correspondientes a esta categoría
son de una importancia teórica y práctica considerable, no es
necesario dedicar mucho tiempo a su descripción, ya que la mayoría
de los enfoques psicoterapéuticos verbales tradicionales se limitan a
este nivel de la psique. Existe abundante literatura profesional en la que se
analizan las sutilezas de la psicodinámica de los reinos biográficos.
Lamentablemente, distintas escuelas se contradicen entre sí y no existe
unanimidad en cuanto a los factores significativos de la psique, la razón
del desarrollo de la psicoterapia eficaz.
Una diferencia fundamental entre las psicoterapias verbal y experiencial es
el significado de la traumatización física directa en la historia
del individuo. En la psiquiatría, psicología y psicoterapia tradicionales
se subrayan exclusivamente los traumas psicológicos. No se considera
que los traumas físicos influyan directamente en el desarrollo psicológico
del individuo, ni que participen en la psicogénesis de los trastornos
emocionales y psicosomáticos. Esto contrasta vivamente con las observaciones
del trabajo experiencial profundo, en los cuales los recuerdos de traumas físicos
parecen ser de suma importancia. En el trabajo psicodélico, la terapia
holotrópica y otros poderosos enfoques experienciales, el hecho de revivir
enfermedades graves, heridas, operaciones, o situaciones próximas a la
asfixia, es harto común y mucho más significativo que los psicotraumas
habituales. Las emociones y sensaciones físicas residuales de situaciones
que han supuesto un peligro para la vida o para la integridad del organismo
parecen jugar un papel significativo en el desarrollo de diversas formas de
psicopatología, todavía no reconocidas por la ciencia académica.
Las experiencias acerca de traumas físicos graves representan una transición
natural entre el nivel biográfico y el reino siguiente, cuyos constituyentes
principales son los dobles fenómenos del nacimiento y la muerte. Los
sucesos que los componen aluden a la vida postnatal del individuo y, por consiguiente,
su naturaleza es biográfica. Sin embargo, por el hecho de haber llevado
al individuo hasta las puertas de la muerte y haberse caracterizado por unas
molestias y un dolor extremos, se vinculan con el trauma del nacimiento. Por
razones evidentes, los recuerdos de traumas y enfermedades que hayan entorpecido
severamente la respiración, como la pulmonía, la difteria, la
tos ferina o el haber estado a punto de ahogarse, son particularmente significativos
en este contexto.
Encuentro con el nacimiento y la muerte: dinámica
de las matrices perinatales básicas
El aspecto más característico de las experiencias que tienen su
origen en este nivel de la psique es su enfoque del dolor físico y emocional,
la enfermedad y la decrepitud, el envejecimiento, los últimos suspiros
y la muerte. El concienciamiento de la muerte halla su expresión no sólo
en el contenido escatológico de las ideas y en las visiones de personas
y animales moribundos, cuerpos y cadáveres putrefactos, esqueletos, cementerios
y funerales, sino en un encuentro experiencial profundo con el proceso de morir
y con la propia muerte, con concomitantes biológicos y emocionales sumamente
convincentes.
La confrontación profunda con la muerte, característica de estas
secuencias experienciales, tiende a estar íntimamente entrelazada con
una serie de fenómenos claramente relacionados con el proceso del nacimiento
biológico. Al enfrentarse a la agonía y la muerte, los individuos
tienen simultáneamente la experiencia de estar luchando para nacer y/o
dar a luz. Asimismo, muchos de los actos y manifestaciones fisiológicas
de estas experiencias pueden explicarse fácilmente como derivaciones
del proceso del nacimiento.
Es bastante común en este contexto identificarse con un feto y revivir
diversos aspectos de su propio nacimiento biológico, con detalles específicos
y perfectamente verificables. El elemento de la muerte puede ser representado
por una identificación simultánea o alternativa con individuos
enfermos, ancianos o moribundos. A pesar de que la totalidad de la gama de dichas
experiencias no se puede reducir exclusivamente al hecho de revivir el nacimiento
biológico, el trauma del nacimiento parece representar un aspecto fundamental
del proceso experiencial en este nivel. Por ello denomino este nivel del inconsciente
perinatal.
Perinatal es un término compuesto de origen latín y griego, cuyo
prefijo peri significa "cerca de" o "próximo a" y
la raíz natalis hace referencia al nacimiento. Se utiliza comunmente
en medicina para describir procesos inmediatamente precedentes al nacimiento,
asociados con el mismo, o inmediatamente posteriores; así pues, en los
textos de medicina se habla de hemorragias, infecciones o traumatismos cerebrales
perinatales. En contraste con el uso tradicional de este término en tocología,
la palabra perinatal se utiliza en este capítulo con relación
a experiencias.
La conexión antes descrita entre el nacimiento biológico y las
experiencias perinatales es bastante profunda y específica. Permite utilizar
las etapas clínicas del parto para la construcción de un modelo
conceptual, que nos ayude a comprender la dinámica del nivel perinatal
del inconsciente e incluso realizar predicciones específicas con relación
al proceso de muerte-renacimiento en diferentes individuos.
Las experiencias de la muerte y renacimiento reflejadas en el nivel perinatal
del inconsciente son sumamente complejas y fecundas. Las secuencias relacionadas
con diversas etapas y facetas del nacimiento biológico acostumbran a
ser de una naturaleza típicamente mitológica, mística,
arquetípica, histórica, sociopolítica, antropológica,
o filogenética. Suelen aparecer en cinco pautas o constelaciones experienciales
características.
Parece existir una conexión profunda entre estos conjuntos temáticos
y las etapas clínicas del parto, que se suceden como sigue.
1) La experiencia de unidad cósmica: el universo amniótico
Esta importante experiencia perinatal parece estar relacionada con la unión
primigenia con la madre, el estado original de existencia intrauterina durante
el cual madre e hijo forman una unión simbiótica. Si no la entorpece
ningún estímulo nocivo, la situación del niño puede
ser prácticamente óptima, ya que ofrece seguridad y la satisfacción
permanente de todas las necesidades. Las características básicas
de esta experiencia son la trascendencia de la dicotomía sujeto-objeto,
un estado de ánimo fuertemente positivo (de paz, serenidad, tranquilidad
y éxtasis oceánico), una sensación de santidad, la trascendencia
del espacio y del tiempo, e introspecciones abundantes de importancia cósmica.
El contenido específico de estas experiencias puede ser extraído
de situaciones que comparten con el mismo la carencia de fronteras y obstrucciones,
tales como una identificación con el océano y formas de vida acuática,
o con el espacio interestelar. Las imágenes de los mejores aspectos de
la naturaleza (madre naturaleza) y las visiones arquetípicas de los cielos
y del paraíso pertenecen también a esta categoría. Es importante
subrayar que sólo los episodios de la vida embrional carentes de perturbaciones
van acompañados de este tipo de experiencias. Las perturbaciones de la
existencia uterina van asociadas a imágenes de peligros subacuáticos,
contaminación, naturaleza inhospitalaria e insidiosos demonios de culturas
diversas.
2) La experiencia del engolfamiento cósmico
Esta pauta experiencial parece estar relacionada con el comienzo del parto,
cuando se ve perturbada la armonía anterior. Al principio, esto ocurre
como consecuencia de señales químicas alarmantes y a continuación
por las contracciones mecánicas de la musculatura uterina.
Esta situación se experimenta subjetivamente como peligro vital inminente.
Una sensación abrumadora de angustia de flotar libremente conduce a ideas
y percepción paranoicas. La intensificación de este estado se
resuelve típicamente en la experiencia de un vórtice o torbellino
monstruoso, cuyo centro engulle ineludiblemente al individuo y a su mundo.
Una variación experiencial frecuente de este tema es la de ser deglutido
por una bestia arquetípica, atrapado por un pulpo o capturado por una
gigantesca araña. Una forma menos dramática de la misma experiencia
la constituye el descenso al bajo mundo y el encuentro con criaturas demoníacas.
Motivos del chamanismo clásico indican la familiaridad de los chamanes
con dicho reino.
3) La experiencia del callejón sin salida o infierno
Esta experiencia está lógicamente relacionada con la primera etapa
clínica del parto, plenamente desarrollada. Durante la misma, el feto
se ve periódicamente constreñido por espasmos uterinos, mientras
el cuello del útero permanece cerrado sin salida posible. El sujeto se
siente atrapado, enjaulado y atascado en una pesadilla claustrofóbica,
en la que pierde todo contacto con el tiempo lineal. La situación parece
absolutamente insoportable, inacabable y desesperada. Por consiguiente, es lógico
que el individuo se suela sentir experiencialmente identificado con presos en
mazmorras o campos de concentración, víctimas de la Inquisición,
pacientes en sanatorios mentales, o pecadores en el infierno y figuras arquetípicas
que representen la condena eterna. Durante la profunda crisis existencial de
la que este estado se ve típicamente acompañado, la existencia
parece una farsa carente de significado o un teatro del absurdo.
4) La experiencia de la lucha de la muerte-renacimiento
Muchos aspectos importantes de esta matriz experiencial son comprensibles a
partir de su asociación con la segunda etapa clínica del parto.
En esta etapa prosiguen las contracciones uterinas, pero ahora el cuello del
útero se ha dilatado y permite una propulsión gradual del feto
por el canal del parto. Esto implica una enorme lucha por la supervivencia,
unas presiones mecánicas apabullantes y, con frecuencia, cierto grado
de anoxemia y sofocación. En las fases terminales del parto, el feto
puede entrar íntimamente en contacto con materias biológicas como
sangre, mucosidades, orina y heces.
Desde el punto de vista experiencial, esta pauta es bastante intensa y ramificada.
Además de revivir con realismo diversos aspectos de la lucha en el canal
tienen lugar en secuencias plia variedad de fenómenos, que temáticas
típicas, relacionadas por una profunda lógica experiencial con
aspectos anatómicos, fisiológicos y bioquímicos del proceso
del parto. Entre ellos, los más importantes son los elementos de una
lucha titánica, experiencias sadomasoquistas, una fuerte excitación
sexual, episodios demoníacos, aspectos escatológicos y un encuentro
con el fuego. Todo esto ocurre en el contexto de una lucha muerte-renacimiento
determinada.
Las imágenes específicas incluyen batallas mitológicas
de enormes proporciones, en las que participan ángeles y demonios, o
dioses y titanes, elementos violentos de la naturaleza, secuencias de revoluciones
y guerras sangrientas, imágenes en las que interviene la pornografía
y las desviaciones sexuales, violencia, orgías satánicas y noches
de aquelarre, crucifixiones y sacrificios rituales.
5) La experiencia muerte-renacimiento
Esta matriz perinatal está relacionada significativamente con la tercera
etapa del parto clínico, o sea, con el nacimiento propiamente dicho.
En esta última etapa, el proceso agonizante de la lucha por nacer llega
a su fin, culmina con la propulsión por el canal del parto, y la acumulación
del dolor, tensión y excitación sexual se convierten de pronto
en alivio y relajación. Al cortar el cordón umbilical, se completa
la preparación física de la madre y el niño comienza su
nueva existencia como individuo anatómicamente independiente.
Al igual que con las demás matrices, algunas de las experiencias de esta
etapa son reproducción fidedigna de los acontecimientos biológicos
del parto, así como de ciertas intervenciones tocológicas. El
correspondiente simbólico de esta última etapa del parto es la
experiencia muerte-renacimiento.
Paradójicamente, sólo a un paso de una fenomenal liberación,
el individuo tiene una sensación de catástrofe inminente de enormes
proporciones. Con frecuencia esto conduce a una concienzuda lucha para poner
fin a la experiencia. Si se le permite que proceda, esta experiencia incluye
una sensación de aniquilación a todos los niveles imaginables:
destrucción física, debacle emocional, derrota intelectual, fracaso
moral definitivo y una condena absoluta de enormes proporciones. Esta experiencia
de la "muerte del ego" parece involucrar la destrucción despiadada
e instantánea de todos los puntos de referencia anteriores en la vida
del individuo. En esta etapa, puede que los chamanes hagan referencia a la desmembración
realizada por demonios o animales feroces.
A la experiencia de aniquilación total y de "caer en lo más
bajo del cosmos", le siguen inmediatamente visiones de una poderosísima
luz blanca y dorada, de un brillo y belleza sobrenaturales, que cabe relacionar
con una sobrecogedora exposición de entidades arquetípicas divinas,
el espectro del arco iris, o los complejos diseños de una cola de pavo
real. El sujeto experimenta una profunda sensación de liberación
emocional y espiritual, redención y salvación. Habitualmente,
se siente liberado de toda angustia, depresión y culpa, limpio y redimido.
A esto le acompaña un diluvio de emociones positivas hacia sí
mismo, los demás y la existencia en general. El mundo parece ser un lugar
hermoso y seguro, y aumenta claramente el deseo de vivir. El chamán regresa
de su búsqueda visionaria iniciatoria cargado con una nueva sensación
de propósito y significado.
Viajes más allá del cerebro: dimensiones transpersonales de la
psique
Las secuencias experienciales de la muerte y renacimiento acostumbran a abrir
la puerta a un dominio transbiográfico en la psique humana, cuyo mejor
calificativo es el de transpersonal. El nivel perinatal del inconsciente representa
claramente un vínculo entre los reinos biográfico y transpersonal,
o inconsciente individual y colectivo. En la mayoría de los casos, a
las experiencias transpersonales les precede un dramático encuentro con
el nacimiento y la muerte. Sin embargo, existe una alternativa importante, que
a veces permite el acceso experiencial directo a diversos elementos transpersonales
y temas correspondientes, sin enfrentarse al nivel perinatal.
El denominador común de este abundante y ramificado grupo de fenómenos
es la sensación, por parte del sujeto, de que su conciencia se ha expandido
más allá de las limitaciones habituales de su ego y ha trascendido
las fronteras del tiempo y del espacio. En los estados ordinarios o "normales"
de conciencia, tenemos la sensación de existir dentro de las limitaciones
del cuerpo físico (imagen corporal) y nuestra percepción del ambiente
viene determinada física y fisiológicamente por la gama de nuestros
órganos sensoriales.
Tanto nuestra percepción interna (interocepción) como la externa
(exterocepción) están limitadas por las fronteras espaciales y
temporales habituales. En circunstancias ordinarias, sólo podemos experimentar
plenamente y con todos nuestros sentidos los sucesos del presente y del ambiente
circundante. Podemos recordar el pasado y anticipar los acontecimiento del futuro
o fantasear sobre ellos, pero ni el pasado ni el futuro están al alcance
de la experiencia directa.
En las experiencias transpersonales, tal como ocurren en sesiones psicodélicas,
con técnicas autoexploratorias sin el uso de drogas, o espontáneamente,
parece que se trascienden una o varias de las limitaciones anteriores. Este
tipo de experiencias pueden dividirse en tres grandes categorías. Algunas
implican la trascendencia del tiempo lineal y son interpretadas por los sujetos
como regresión histórica y exploración de su pasado biológico,
cultural y espiritual, o como progresión histórica hacia el futuro.
La segunda categoría es la de las experiencias caracterizadas primordialmente
por la trascendencia de las barreras espaciales ordinarias, en lugar de las
temporales. El tercer grupo se caracteriza por la exploración de dominios
que la cultura occidental no considera que formen parte de la realidad objetiva.
Las tradiciones chamánicas han descrito y catalogado muchas gamas de
realidades no ordinarias accesibles en dichos estados.
En estados de conciencia no ordinarios, muchos sujetos tienen vivencias bastante
concretas y realistas de episodios que identifican como recuerdos fetales y
embrionarios. No es raro, en estas circunstancias, en un nivel de conciencia
celular, identificarse plenamente con el esperma y el óvulo en el momento
de la concepción. A veces la regresión histórica va más
lejos y el individuo tiene la sensación convincente de revivir recuerdos
de la vida de sus antepasados, o incluso de acceder a los archivos del inconsciente
racial o colectivo. En algunas ocasiones, los sujetos afirman haberse identificado
con diversos animales de la escala evolutiva, o haber tenido la clara sensación
de revivir episodios dramáticos de una encarnación anterior.
Las experiencias transpersonales que incluyen la trascendencia de barreras espaciales
sugieren que las fronteras entre el individuo y el resto del universo no son
firmes y absolutas. En circunstancias especiales es posible identificarse con
cualquier cosa del universo, incluida la propia totalidad del cosmos. Entre
éstas se cuentan las experiencias de fusión con otra persona en
un estado de unidad dual, o asumiendo la identidad de la otra persona; "sintonizar"
con la conciencia de un grupo específico de gente, o bien sentir la expansión
de la conciencia hasta tal punto que parezca abarcar a toda la humanidad. Asimismo,
uno puede trascender los límites de la experiencia específicamente
humana e identificarse con la conciencia de los animales, plantas o, incluso,
objetos y procesos inorgánicos. En un caso extremo, es posible experimentar
la totalidad de la biosfera de nuestro planeta o el conjunto del universo material.
En un número elevado de experiencias transpersonales, la extensión
de la conciencia parece ir más allá del mundo fenoménico
y del continuo espacio-tiempo, tal como lo percibimos en la vida cotidiana.
A esa realidad pertenecen numerosas visiones de personajes y temas arquetípicos,
encuentros con las divinidades y los demonios de distintas culturas, y complejas
secuencias mitológicas. También son bastante comunes los informes
de apariciones de espíritus de difuntos, entes sobrehumanos y habitantes
de otros universos.
Las visiones de pautas arquetípicas abstractas, la comprensión
intuitiva de símbolos universales (cruz, ankh, yin yang, svástica,
estrella de cinco puntas, o estrella de seis puntas), la vivencia de los meridianos
y del flujo de energía ch'i descrita por la filosofía y la medicina
china; o el despertar del poder de la serpiente (kundalini) y la activación
de diversos centros de energía psíquica o chakras, constituyen
ejemplos adicionales de este tipo de fenómenos. En los casos más
extremos, la conciencia individual puede llegar a identificarse con la conciencia
cósmica o mente universal. El summum de las experiencias parece ser la
identificación con el vacío supracósmico y metacósmico,
la misteriosa ausencia primordial y la nada consciente de sí misma, que
contiene en forma germinal y potencial la totalidad de la existencia.
Experiencias transpersonales y la visión chamánica
del mundo
Las experiencias transpersonales tienen muchas características extrañas
que destruyen los supuestos más fundamentales de la ciencia materialista
y del punto de vista mecanicista del mundo, que apuntan a un paradigma más
cercano a los que caracterizan los sistemas de creencias chamánicas y
diversas ramas de la filosofía mística o "perenne".
Los investigadores que han estudiado seriamente y/o experimentado estos fascinantes
fenómenos comprenden que todo intento por parte de la psiquiatría
tradicional de desecharlos como productos insignificantes de la imaginación,
o como fantasías erráticas generadas por procesos cerebrales patológicos,
es superficial e inadecuado. Cualquier estudio del dominio transpersonal de
la psique realizado sin prejuicios llegará ineludiblemente a la conclusión
de que sus observaciones suponen un crítico reto al paradigma newtoniano-cartesiano
de la ciencia occidental.
A pesar de que las experiencias transpersonales ocurren en un proceso de autoexploración
personal profunda, no es posible interpretarlas simplemente como fenómenos
intrapsíquicos en un sentido convencional. Por una parte, forman un continuo
vivencial ininterrumpido con experiencias biográfico-recordatorias y
perinatales. Por otra, parecen tener acceso directo, sin mediación de
los órganos sensoriales, a las fuentes de información que están
claramente fuera del alcance del individuo, como convencionalmente se define.
Entre los informes de sujetos que han experimentado episodios de su existencia
embrionaria, del momento de la concepción y que han vivenciado elementos
de conciencia celular y orgánica, abundan detalles médicos de
gran exactitud con respecto a los procesos anatómicos, fisiológicos
y bioquímicos correspondientes. Asimismo, las experiencias ancestrales,
los recuerdos raciales y colectivos en el sentido junguiano, y los recuerdos
de encarnaciones anteriores, aportan frecuentemente detalles específicos
de la arquitectura, el atuendo, las armas, el arte, la estructura social y las
prácticas religiosas de la cultura y período en cuestión,
o incluso acontecimientos históricos concretos.
Los sujetos que experimentan secuencias filogenéticas o que se identifican
con formas de vida existentes, no sólo las hallan auténticas y
convincentes, sino que al mismo tiempo adquieren una introspección extraordinaria
de la psicología, etología, costumbres específicas o de
insólitos ciclos de reproducción de los animales. En algunos casos,
la experiencia va acompañada de inervaciones musculares arcaicas, impropias
de un ser humano, o incluso de complejas representaciones que reproducen las
danzas de apareamiento.
Los individuos que experimentan episodios de identificación consciente
con plantas o con parte de las mismas, de vez en cuando afirman haber adquirido
una profunda introspección de procesos botánicos como la germinación
de las semillas, la fotosíntesis de las hojas, la función de las
auxinas en el crecimiento de las plantas, el intercambio de agua y minerales
en las raíces, y la polinización. Igualmente común es la
convincente sensación de identidad consciente con la materia inanimada
o con los procesos inorgánicos: el agua del océano, el fuego,
los rayos, la actividad volcánica, los huracanes, el oro, los diamantes,
el granito, e incluso las estrellas, las galaxias, los átomos y las moléculas.
Desde el punto de vista de un paradigma que reconozca la existencia del reino
transpersonal, las referencias a la comunicación con otras especies o
incluso con objetos "inanimados", como en el caso de los chamanes,
ya no pueden ser consideradas como síntomas psicopatológicos.
Existe otro grupo interesante de fenómenos transpersonales, susceptible
frecuentemente de validación e incluso de se investigado experimentalmente.
Al mismo pertenecen la telepatía, el diagnóstico psíquico,
la clarividencia, la clariaudiencia, la precognición, la psicometría,
las experiencias extracorporales, los viajes clarividentes y otros casos de
percepción extrasensorial. Evidentemente, éstos han sido estudiados
a fondo y utilizados en el chamanismo y en otras tradiciones místicas
o mágicas. A pesar de que representan el único grupo de fenómenos
transpersonales de los que los círculos académicos occidentales
han llegado a ocuparse ocasionalmente, por desgracia su enfoque ha sido siempre
decididamente negativo.
Desde una perspectiva más amplia, no existe razón alguna para
no clasificar los fenómenos denominados paranormales en una categoría
especial. Dado que otros tipos de experiencias transpersonales suelen facilitar
el acceso a una nueva información sobre el universo por canales extrasensoriales,
la frontera que separa la psicología de la parapsicología desaparece,
o por lo menos se convierte en bastante arbitraria, a partir del momento en
que se admite y reconoce la existencia del dominio transpersonal.
El reto filosófico de las observaciones descritas, ya en sí imponente,
se ve todavía aumentado por el hecho de que en los estados no ordinarios
de conciencia, las experiencias transpersonales que reflejan correctamente el
mundo material aparecen en el mismo continuo e íntimamente relacionadas
con otras cuyo contenido, según la visión occidental del mundo,
no forma parte de la realidad objetiva. Cabe mencionar en este contexto los
arquetipos junguianos: divinidades, demonios, semidioses, superhéroes
y complejas secuencias mitológicas, chamánicas, legendarias y
de cuentos de hadas. Incluso estas experiencias pueden aportar información
precisa sobre el simbolismo religioso, el folklore y las estructuras míticas
de diversas culturas anteriormente desconocidas para el sujeto.
Las experiencias transpersonales ocupan una posición muy especial en
nuestro intento de construir un mapa fidedigno del territorio de la psique humana.
El nivel analítico-recordatorio y el inconsciente individual son de una
naturaleza claramente biográfica. La dinámica perinatal parece
representar una intersección o frontera entre lo personal y lo transpersonal,
como lo refleja su profunda asociación con el nacimiento y la muerte,
principio y fin de la existencia humana individual. Los fenómenos transpersonales
facilitados por la terapia holotrópica o los métodos chamánicos
tradicionales revelan conexiones entre el individuo y el cosmos actualmente
incomprensibles. Lo único que podemos decir es que, en algún lugar
del proceso perinatal, parece tener lugar un extraño salto cualitativo
al estilo del de una cinta de Móbius, en el que la autoexploración
profunda del inconsciente individual se convierte en un proceso de aventuras
experienciales en la amplitud del universo, cuyo calificativo más adecuado
sería el de conciencia cósmica o mente superconsciente.
Importancia terapéutica del proceso muerte-renacimiento
La cartografía ampliada que acabamos de describir es de una importancia
fundamental para todo enfoque serio de los fenómenos tales como los estados
psicodélicos, el chamanismo, la religión, el misticismo, los ritos
de paso, la mitología, la parapsicología, la tanatología
y la psicosis. No se trata de una mera cuestión de interés intelectual,
sino que sus consecuencias son profundas y revolucionarias para la comprensión
de la psicopatología, y ofrecen nuevas posibilidades terapéuticas
no imaginadas por la psiquiatría tradicional.
En general, la arquitectura de la psicopatología que se manifiesta en
el trabajo diario es infinitamente más compleja e intrincada de lo que
sugieren las teorías vigentes de la personalidad. Según estas
nuevas observaciones, son pocos o ninguno los síndromes emocionales y
psicosomáticos que puedan explicarse exclusivamente a partir de la dinámica
del inconsciente individual. Están significativamente relacionados con
el trauma del nacimiento y el miedo a la muerte, y su resolución exige
una confrontación vívida con el proceso muerte-renacimiento. Por
consiguiente, hemos llegado a la conclusión de que nuestro modelo teórico
de la psique humana es compatible con los antiguos sistemas de creencias chamánicas,
que también integran las experiencias de la muerte y el renacimiento.
El trabajo revela día a día que en la estructura dinámica
de los síntomas psicogenéticos intervienen energías emocionales
y físicas extremadamente poderosas. Por ello, todo intento de influir
en ellas por medios puramente verbales, como en las psicoterapias tradicionales,
es de un valor altamente cuestionable. Se necesita un contexto terapéutico
que permita y facilite la experiencia directa, para obtener resultados apreciables
en un espacio de tiempo razonable. Además, debido a los múltiples
niveles de la naturaleza de los síntomas psicogenéticos, el marco
conceptual del terapeuta debe incluir los niveles perinatal y transpersonal
de la psique, a fin de que la terapia sea plenamente eficaz.
Mientras el proceso de la terapia se limite al nivel biográfico, los
resultados terapéuticos serán generalmente bastante limitados,
a no ser que el material a tratar pertenezca a gestalts inacabadas de traumas
físicos graves. Tanto los resultados inmediatos como los producidos a
largo plazo son mucho más dramáticos cuando la autoexploración
se profundiza e incluye secuencias más profundas; sobradamente conocida
de nuestros antepasados chamánicos, hasta estos momentos les ha pasado
en gran parte inadvertida a los psicoterapeutas verbales occidentales. Sin embargo,
nosotros hemos descubierto que las experiencias de naturaleza perinatal pueden
influir profundamente en la claustrofobia y en otros tipos de estados de ansiedad
o depresión, en las tendencias suicidas, el alcoholismo, la drogadicción,
el asma, la jaqueca, las inclinaciones sadomasoquistas y muchos otros problemas,
tanto si éstas se facilitan por medios holotrópicos, chamánicos
u otros.
Pero en los casos en que las raíces del problema están ancladas
en el dominio transpersonal, sólo se podrá alcanzar una solución
definitiva cuando el paciente permita que tenga lugar una confrontación
con el tipo específico de experiencia transpersonal con el que el problema
esté relacionado. Puede tratarse de una experiencia intensa de una encarnación
anterior, una identificación con una forma animal, una secuencia arquetípica
o mitológica, un tema del inconsciente racial o colectivo, o muchas otras.
La ausencia de prejuicios y confianza en el proceso son requisitos importantísimos
-tanto por parte del terapeuta como por parte del paciente - para el éxito
de la terapia.
Como se ha dicho anteriormente, las experiencias del trabajo profundo también
corroboran la estrategia general terapéutica y de autoexploración
sugerida originalmente por Carl Gustav Jung, quien reconoció que la psique
está dotada de un poderoso potencial autocurativo y que la fuente de
sus fuerzas autónomas de curación se halla en el inconsciente
colectivo. Desde esta perspectiva, la labor del terapeuta no debe consistir,
por consiguiente, en comprender racionalmente el problema del paciente, a fin
de utilizar alguna técnica específica para cambiar la situación
según un plan preconcebido, sino en mediar y facilitar el acceso del
paciente a los niveles más profundos de la psique. Entonces, la curación
se produce como consecuencia de una interrelación dialéctica entre
el inconsciente individual y el colectivo. Aquí cabe establecer un paralelismo
con la función tradicional del chamán, como mediador entre los
reinos humano y espiritual.
Por tanto, una técnica psicoterapéutica basada en las observaciones
de la investigación moderna sobre la conciencia, como la terapia holotrópica,
se basa primordialmente en la experiencia directa como instrumento esencial
de transformación. Los enfoques verbales se utilizan exclusivamente durante
el período de preparación, y de nuevo en una sesión posterior,
para facilitar la integración de la experiencia. El terapeuta crea un
marco de apoyo, establece una buena relación de trabajo con el paciente
y ofrece una técnica capaz de activar el inconsciente: respiración,
música, tambores chamánicos, meditación o drogas psicodélicas.
En estas circunstancias se refuerzan los síntomas preexistentes y otros
anteriormente latentes emergen a la conciencia. La función del terapeuta
es entonces la de estimular y apoyar incondicionalmente las secuencias surgentes,
con plena confianza en la autonomía y espontaneidad del proceso curativo.
Los síntomas representan energía bloqueada y, en definitiva, experiencia
condensada. En este contexto, un síntoma representa tanto una oportunidad
como un problema.
Al liberar la energía, el síntoma se transforma en experiencia
consciente y se consume. Es importante que el terapeuta apoye el despliegue
elemental sin interferir ni intervenir en la naturaleza de la experiencia, tanto
si es biográfica, perinatal, como transpersonal. El apoyo incondicional
debe continuar, aunque el terapeuta no comprenda el proceso o tome una forma
desconocida para él. En lugar de intentar interpretar todo el material
emergente en términos de un sistema teórico cerrado, como en el
psicoanálisis y otros enfoques parecidos, el terapeuta se convierte en
un compañero de aventura, que puede aprender algo nuevo en cada sesión.